Encontrar un insecto en casa, pequeños excrementos, embalajes de alimentos roídos nos puede hacer saltar todas las alarmas y pensar en que tenemos una plaga. Sin embargo, antes de actuar hay que pararse y trazar un plan de actuación, y el primer paso es identificar qué tipo de plaga tenemos.
Además de ser el primer paso es el más importante. Dos especies pueden presentar un aspecto parecido y, aun así, tener hábitos, lugares de refugio, ciclos reproductivos y comportamientos muy diferentes. Incluso su respuesta a determinados tratamientos puede variar.
La identificación permite entender cómo se comporta, dónde buscarla y qué estrategia de control es la más adecuada.
Conocer a tu enemigo para elaborar la mejor estrategia
Entre las plagas más habituales, es fácil diferenciar entre una hormiga y cucaracha, pero ¿sabrías identificar si es una cucaracha alemana o americana? ¿Entre una rata de alcantarilla o una negra? ¿Entre una hormiga y una termita voladora?
La especie condiciona buena parte del diagnóstico, pero dos ejemplares de una misma especie pueden tener preferencias distintas en cuanto a alimentación, hábitat y horario de actividad. Por ejemplo, encontrar una cucaracha en la cocina no asegura que la plaga esté detrás de la nevera, sino que se haya instalado en una grieta del desagüe donde la humedad es mayor.
Algo muy similar ocurre con los roedores. Por recuperar el ejemplo anterior, la rata gris de alcantarilla prefiere lugares oscuros y húmedos, mientras que la negra es una gran escaladora y mucho más desconfiada.
Hay que entender que no todas las plagas responden de la misma manera a los mismos métodos de control. La susceptibilidad a determinados insecticidas puede variar entre especies y poblaciones, y existen casos de resistencia a venenos que reducen la eficacia de ciertos principios activos o empeoran el problema de la plaga.
Así pues, una buena identificación de la plaga permite plantear mejores preguntas.
Información que ayuda a identificar el tipo de plaga
Si has detectado una posible plaga, hay información que puede resultar muy útil para realizar una primera valoración. No es necesario manipular ni capturar al animal: siempre que pueda hacerse con seguridad, basta con observar y documentar lo que está ocurriendo.
El tipo de alimento que ha consumido, las horas de mayor actividad y las pruebas fotográficas, si las hubiera, ayudan a terminar de perfilar al «sospechoso» con mucha mayor precisión.
Si has encontrado una plaga o indicios que no sabes identificar, recopilar esta información puede ayudar a realizar una primera valoración, pero no sustituye una inspección profesional. El diagnóstico debe tener en cuenta tanto la plaga como las características del espacio en el que aparece para determinar cómo actuar.










